lunes, 23 de abril de 2012

A MI MARIDO, MARIANO RAJOY


Llevamos poco tiempo de relación y encima ahora atravesamos por malos momentos. El noviazgo fue bonito, intenso. Yo salía de una relación anterior, tormentosa, con José Luís, quien me hizo vivir unos años de descontrol. A J.L. le gustaba disfrutar de la vida intensamente, sin pensar en el futuro ni en las consecuencias de nuestros actos. Nos sentíamos como dos adolescentes y vivíamos al límite. Por eso, cuando Mariano me ofreció una vida tranquila, sosegada y sin sobresaltos, me empecé a cuestionar mi relación con José Luís. Tras unos años de alocada juventud, mi cuerpo pedía ahora un poco de equilibrio, más acorde con mi edad.

Además, Mariano supo conquistarme con sus promesas:

"No te subiré las impuestos, no tocaré las bases de tu estado de bienestar, tu madre no tendrá que preocuparse por su pensión, tus hijos mantendrán sus becas, no recortaré el dinero dedicado a sanidad, a educación". "Te prometo que sabré gestionar nuestros recursos y que a ti no te faltará de nada, mientras yo esté, vida".
Y le creí. Me ilusioné con él y le entregué lo más preciado que tengo: mi voto.
Comenzamos a vivir juntos y al principio todo hacía presagiar que nuestro futuro sería plácido y feliz. Pero las cosas no eran como parecían, y mes a mes vimos que las cuentas no nos cuadraban y nos costaba llegar a fin de mes. Entonces Mariano me planteó que había que tomar medidas para salir de esa situación, medidas drásticas. Y me planteó que yo debía cambiar para que la relación llegara a buen puerto.

Me pidió que me dejara aumentar los impuestos. Me pidió que me dejara despedir del trabajo, si era preciso, con una indemnización menor. Me pidió que pagara más dinero por los fármacos, que pagara más por la matrícula de mi hijo universitario. Me pidió que me apretara más el cinturón, más y más. Me llegó a decir que adelgazar me vendría bien, que me sobraban kilos y que todo lo hacía por mi bien y el de nuestra relación. Y además me tiene dicho que cada semana me irá diciendo en qué otras cosas debo ceder por el bien de nuestra relación.
Pero empiezo a plantearme que quizás estoy dando demasiado para lo poco que recibo. Porque estoy descubriendo a un Mariano que no conocía y eso me asusta. Me pide, me pide y me pide pero él no ofrece nada a cambio. Tengo la sensación de que yo soy la única que cede, que pongo toda la carne en el asador y que mi sacrificio no sirve para nada porque él no plantea ningún cambio por su parte. A mí me gustaría que él me ofreciera, por su parte, algún sacrificio, pero ni se le ocurre y esta relación es desigual.

Mariano, deja de pedirme que haga cosas por ti, y tú ¿qué sacrificios estás dispuesto a hacer por mí? Mariano, que el peso de esta relación no caiga sólo sobre mis hombros, que empiezo a cansarme. Mariano, que aquí o jugamos todos o rompemos la baraja.

Te advierto, Mariano, cualquier día de estos me planto y me voy a casa de mi madre. O me vuelvo con José Luís.


Fdo.: Tu esposa que te quiere, España
Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

2 comentarios:

  1. Jajajaja esto es BUENÍSIMO. En serio, ¿cómo se te ocurren estos textos? Tremendo, lo recomendaré jajaja :)

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  2. Sí, sí tú ríete. Claro, como no es tu marido... Si en el fondo todos los hombres son iguales. Nunca te cases, hija mía. Al menos no con un presidente del gobierno de España.

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