lunes, 23 de abril de 2012

PROFESORA HARTA DE LAS TIC


Me he pasado la tarde de este domingo siguiendo las ponencias de un congreso educativo, una de las cuales se resume en este artículo de Dolors Reig.

Ser profesor se está poniendo cada vez más difícil. No sé si me estaré haciendo mayor, pero cada vez me cuesta más entender los textos que hablan sobre mi trabajo, mi perfil profesional y lo que se espera de mí.

No es justo que ahora que por fin conozco todas las TIC y me manejo en ellas con mayor o menor destreza, vengan y empiecen a hablarme de TAC, de TEP y de otras cosas que no alcanzo a entender.

Profundizar en mi competencia tecnológica y digital ha terminado por convertirse para mí casi en una obsesión, preocupada por no perder ese tren en el que parece que todos debemos estar subidos. Y esa obsesión se ha ido extendiendo de tal modo que se ha ido comiendo otras facetas de mi vida, mis hobbis, mi vida familiar, etc. Ya no tengo tiempo para leer libros, para visitar a mis amigos, para ver cine... Todo mi tiempo libre lo dedico a mi competencia digital, a actualizar mis 10 blogs, a twittear con mis 3 perfiles, a subir a la nube las tareas que al día siguiente deben descargarse mis alumnos o realizar de modo colaborativo, a comunicarme con mis alumnos en mi cuenta de Facebook, a corregir las tareas que me envían por email, a responder sus cuestiones de 6 a 7 de la tarde vía Skipe, a subir vídeos explicativos de los temas que imparto a Youtube, a alojar los diversos temas de mis asignaturas en espacios de alojamiento de internet para que mis alumnos los tengan actualizados, los puedan imprimir y mil tareas más.
Ya apenas me queda tiempo para otra cosa que no sea mi trabajo.

¿Y todo esto para qué? ¿Para que vengan unos cuántos teóricos a decirme que ahora debo también aprender cosas que se llaman con siglas diferentes? ¿Pero es que esto no va a tener fin? Por favor, que dejen de innovar, de lanzar nuevas tecnologías, de instarnos a experimentar con nuevas metodologías... Que voy con la lengua fuera, ¡pordios!

Después de casi 20 años de docencia, comienzo a plantearme muchas cosas y una de ellas es ¿Para qué todo esto? No noto que todos mis esfuerzos sirvan para nada. Mis alumnos no agradecen, no aprovechan, no valoran tanto desvelo. No por tanto innovar aprenden mejor. Que no. Que lo digo de verdad, que no.

El problema no son los métodos ni los recursos ni las tecnologías, el problema es que gran parte de nuestro alumnado no está motivado y nada de lo que hagamos va a cambiar eso, porque no somos nosotros los culpables. La "Generación del 27" les importa un bledo aunque se la presentemos en pizarra digital, en Prezzi o mediante un blog interactivo.

Por más que yo sea una profesora súper competente, innovadora, tecnológicamente activa, no voy a hacer que mis alumnos lleguen cada mañana a clase con ganas de aprender. Ahora tengo claro que la culpa no es mía. Supongo que tampoco de ellos. Quizás del sistema que se sigue empeñando en el "café para todos" y además obligatorio. La culpa la tiene la comprensividad, esa falacia en que se basaba la LOGSE. No podemos tener a los alumnos en los institutos a la fuerza y pretender que estén motivados y que encima se porten bien.

Pienso que habría que rebajar la edad de escolaridad obligatoria hasta los 14 años, como antes, cuando la EGB. A partir de esa edad, pondría un letrero en los institutos: "Reservado el derecho de admisión".

Con alumnos interesados por aprender no tendría que verme obligada a realizar los esfuerzos sobrehumanos que hago para ser una profesora competente y me quitaría de encima el sentimiento de culpabilidad que siento por no lograr un éxito mayor con mis alumnos.
Basta ya de tanta TIC, TAC y lo que sea.

La solución no va por ahí ¡Mañana mismo desenchufo las TIC de mi aula y me pongo a dictar!

¿Alguien me entiende? ¿Alguien siente lo mismo que yo? Comenten, por favor
Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.