miércoles, 6 de junio de 2012

Acoso escolar: El caso de Lara (3ª parte)

Entradas anteriores: 1ª parte,   2ª parte.

Llegó el lunes. Los agresores se reincorporaron al centro, a la clase. Lara pasó un mal día, muy malo, aunque no ocurrió nada, al menos nada evidente. Sólo el miedo a lo que pudiera suceder y la vergüenza por lo sucedido. Y la culpa, esa culpa que ha llegado a interiorizar con los días y que entre todos hemos le hemos clavado con chinchetas en el alma. Una mirada de reproche, una chincheta. Un gesto de desprecio, otra chincheta. No sé cuánto tiempo tardará en arrancárselas y en dejar de sentirse responsable. 

A pesar de ello, creo que todo va mejor. Hoy hubo una reunión: jefatura de estudios, tutores de nivel, coordinador de convivencia. Se valoró el dolor de la niña con todos sus matices y se trató de ver en qué nos estábamos equivocando. Fue más fácil de lo que supuse que sería, ya que con los días, quien más quien menos había ido observando otros matices que ahora completaban lo sucedido y ayudaban a entenderlo. La forma en que algunas personas habían dado la vuelta a la situación, el modo en que se buscaba apoyos aunque ello supusiera perjudicar a la única y auténtica víctima. En la reunión se analizó el tema sin dejar ningún cabo suelto, incluso me enteré de cosas que no sabía, yo que creía saberlo todo. Fuimos capaces de entendernos y de establecer un plan basado en las siguientes premisas:

  • Respecto a nuestra relación con Lara:

1) Dar credibilidad a la alumna
2) Transmitirle nuestro apoyo
3) Comprender lo que está pasando, mostrarnos empáticos
4) Definir el problema de un modo veraz, llamando a las cosas por su nombre. Es acoso.
5) Ayudar a la niña en los aspectos afectivos, en la autoestima y en la atribución de la culpabilidad, externalizándola (No eres tú, son ellos)

  • Respecto a la respuesta del centro:

5) Informar a Lara de que desde el centro se están adoptando medidas, algunas inmediatas y evidentes y otras no tanto, pero el centro hace cosas para ayudarla a ella y para castigar a los culpables. Sin justicia no hay ayuda posible, sólo la justicia ayuda a reparar el daño o al menos a consolarlo.
6) Intentar restablecer la confianza de la niña en la institución, en sus profesores. Debemos mostrarnos eficientes y transmitirlo y debemos infundir seguridad a quienes se sienten indefensos.

  • Respecto a las derivaciones del caso: Esta es una batalla más difícil de abordar. En menos de una semana el caso ha tenido ramificaciones e intrusiones que afectan a alumnos y a profesores. Se ha extendido una mancha de chapapote emocional por el pasillo de Bachillerato y hay personas pringadas. Que seamos capaces de limpiar el chapapote dependerá ahora del grado de compromiso de todos y cada uno de nosotros. De nuestro grado de compromiso con la convivencia.

Estos días, me he acordado de un caso ocurrido hace 2 años:


Phoebe Prince, 15 años. Se suicidó, víctima de acoso escolar, en 2010. 
Su caso conmoció a EEUU. Ver noticia


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.