sábado, 25 de agosto de 2012

CUATRO VERDADES SOBRE LOS FUNCIONARIOS

Hace unos días recibí un montón de críticas en Twitter por un tuit acerca de la situación laboral del funcionariado. Y ese hecho me ha empujado a escribir este artículo con el mensaje de fondo de que 1) soy funcionaria 2) me lo he ganado a pulso y 3) no pienso pedir perdón por ello.

Los funcionarios nos movemos entre el desprecio y la envidia ajena. Hace años se consideraba que el que se hacía funcionario era o bien porque no servía para otra cosa o bien porque no tenía aspiraciones y se conformaba con tan poco, a cambio de la estabilidad laboral. En la administración los salarios han sido siempre bajos y se ganaba más dinero en la actividad privada que en la pública. Por eso, quien se decidía a “hacerse funcionario” era mirado con recelo, con condescendencia. Elegir vivir humildemente, pudiendo ganar más trabajando “fuera”, era difícilmente comprensible para muchos. En la administración ha sido siempre cierto el dicho de “ganar menos que un maestro de escuela”



EL PERFIL

Existen dos imágenes del funcionario ancladas en el ideario colectivo:
-         -  El funcionario-ordenanza. Siempre sentado en una silla, tras una mesa, sin nada más que hacer que señalar con un dedo a quien le pregunta: “pasillo del fondo”, “aquel mostrador”, “piso de arriba”.
-         -  El funcionario-ventanilla. Esa persona que te atiende en tu ayuntamiento o en tu delegación de hacienda, borde hasta decir basta, que no te mira cuando te habla, sin educación. Y que siempre te manda volver al día siguiente con más fotocopias.
No importa que en los dos grupos anteriores la mayoría de los trabajadores sean de otro modo, no, con uno que hayamos conocido con ese perfil ya generalizamos y etiquetamos al resto. Si encontramos un funcionario cafre diremos “todos los funcionarios son cafres”. Pero cuando encontramos uno competente y amable no decimos  que todos los funcionaros lo son.
El españolito común, cuando habla del funcionariado, no cae en la cuenta de que funcionario es también el médico que le cura, el maestro que enseña a sus hijos, el policía que vela por su seguridad, el bombero que le rescata, el soldado que le defiende, el que trabaja en las prisiones rodeado de criminales, etc.

EL ENCHUFE

Para ser funcionario hay que pasar una oposición o concurso-oposición. En cualquiera de los casos, en el ideario común se tiene muy claro que muchos entran por enchufe. Se oye continuamente “no pierdas el tiempo presentándote, que esas plazas ya están dadas”. Por supuesto esto es defendido por personas que o bien no saben en qué consiste una oposición o sabiéndolo porque se han presentado, han suspendido. Resulta duro reconocer el fracaso y por eso se recurre a la excusa del enchufe. En todo caso siempre queda la posibilidad de denunciar un hecho así, pero eso nunca se produce. El tema del enchufe no es más que una defensa tabernaria, de barra de bar, mientras uno se toma unos coñacs con los colegas.

EL ACCESO

El acceso a la función pública es una competición de alto nivel, aunque el puesto al que se opte sea de una categoría laboral inferior. Frecuentemente se presentan cientos de candidatos para una sola plaza; de ahí, que muchas veces ni siquiera obteniendo un 10 de media en todos los ejercicios, se consiga aprobar la oposición. Hay que añadir méritos, normalmente relacionados con la experiencia previa en ese puesto o similar. Esto significa que hay que presentarse a la oposición, aprobarla, quedarse sin plaza, ocupar un puesto en interinidad, volverse a presentar a la oposición, aprobarla de nuevo, no obtener plaza, volver a ser interino, volverse a presentar, y así durante años hasta que finalmente se consiguen puntos por experiencia que se podrán sumar a la nota de oposición. Eso sí, esta nunca debe bajar de un 9 de media en todas las pruebas;  en caso contrario tampoco se obtiene plaza. Así ocurre en el acceso al cuerpo de profesores de Educación Secundaria, al que pertenece esta humilde Lagartija.

Para ser funcionario en este cuerpo, en el que me voy a centrar por poner un ejemplo, hay que ser previamente interino durante varios años, para poder sumar puntos. Esto significa que cada año que pasa puedes ser destinado a cualquier punto de la comunidad autónoma, normalmente a destinos que nadie quiere, alejados de las ciudades, en zonas rurales a veces de muy difícil acceso. Durante años vives lejos de tu casa, en situaciones muy precarias, fuera de tu entorno y tu familia, sin poder ver a tus hijos, si los tienes, más que los fines de semana, y manteniendo dos viviendas. En esas ocasiones el interino –que aún no es funcionario-, debe compartir vivienda para compensar los gastos de desplazamiento. Y muchas veces la plaza a ocupar es de media jornada y en esos casos, poder trabajar te cuesta dinero, te sale más caro que no hacerlo, pero necesitas trabajar para seguir sumando puntos que sumar a la nota de oposición. Muchos son los maestros o profesores que conducen 200 km para llegar al trabajo y otros 200 para volver a sus casas. Cada día. Durante varios años.
Y tras varias convocatorias de oposición, que deberás aprobar sin plaza, llega un día en que por fin estás en condiciones de optar a una plaza y aprobar el dichoso concurso-oposición.  Y llegado ese día, aún puede esperarte lo peor: que seas destinado con carácter definitivo al otro extremo de tu comunidad, a cientos de kilómetros de tu casa, de tu familia y ya sin posibilidad de acercarte en varios años. En la mayoría de las ocasiones se obtiene un destino próximo a tu localidad cuando ya te acercas a la jubilación. Y esas son las circunstancias del funcionario-profesor. Las del funcionario-médico-enfermero-prisiones-juzgados-etc,  son muy similares.

Ni qué decir tiene que el funcionario del que acabo de hablar se ha pasado media vida estudiando para obtener esa plaza, que no siempre se consigue, por cierto. Porque la competencia es dura y los candidatos miles. Ese funcionario ha dedicado su tiempo libre, sus vacaciones, sus fines de semana, a estudiar. Desde que decidió presentarse a la oposición, hasta que la aprueba varios años más tarde. Suele ser un período que dura hasta los 40 años, que es la media de edad que en la actualidad tienen los candidatos que la aprueban, tras una media de 10 años en régimen de interinidad y en ese tiempo 5 convocatorias presentadas y normalmente aprobadas. Y aún tendrá que escuchar que quizás “entró por enchufe”.

EL SALARIO

El salario, como todos, tanto “dentro como fuera”, se compone de salario base más complementos. En eso no hay privilegios con respecto al resto de trabajadores. El salario base siempre es muy bajo y es preciso añadir complementos para cuajar una nómina decente. Algunos de esos complementos se pueden conseguir por decisión propia ya que están ligados a la formación o al mérito. Para obtener los complementos de formación en la docencia –sexenios-, hay que perfeccionarse como profesional haciendo cursos de formación durante 6 años consecutivos para obtener unos pocos de euros más al mes. Esos cursos se realizan, por supuesto, a costa de tu dinero y de tu tiempo libre. Es una inversión a largo plazo, con un rendimiento mínimo. Pero todos la hacemos.
Y ese pobre, porque lo es, salario que tantos años nos ha costado conseguir, con un coste personal en ocasiones alto, se ha visto atacado en los últimos años con congelaciones, cuando no bajadas. Y ahora el ataque no viene sólo de la mano del aumento del IRPF sino también nos recortan –NOS ROBAN- esos complementos que nos pertenecen, que nos hemos ganado, que nos merecemos y que deberían ser inviolables. Por no hablar de los que van ligados a la peligrosidad, nocturnidad, penosidad, etc. que también se ven ahora afectados por los recortes.

EL HORARIO

Los funcionarios trabajamos 37’5 horas semanales. Ni una menos; en todo caso, hacemos horas de más que muchas veces no nos son abonadas. ¿Qué es injusto que no trabajemos 40 horas como el resto de trabajadores? Pues no lo sé pero en todas las profesiones existen convenios colectivos que regulan las condiciones laborales y el salario, entre otros temas. Digamos que nuestro “convenio colectivo” nos permite esas horas semanales como a otros trabajadores su convenio les garantizará otra serie de privilegios. Y los profesores también trabajamos esas horas, aunque en los medios de comunicación sólo se mencionen las horas lectivas, que son una parte de nuestro horario, pero no toda.

LAS CONDICIONES LABORALES

Trabajar en la administración ni es un camino de rosas ni resulta lo apacible que algunos consideran. En todas partes cuecen habas y en muchas ocasiones los funcionarios trabajan a las órdenes de personas que sí están ahí por enchufe, ocupando puestos llamados de libre designación. Ocurre con demasiada frecuencia que los jefes, los responsables de departamentos o secciones son personas sin formación ni cualificación y están ahí por designación del gobierno de turno. Y la incompetencia de esos mandos perjudica el prestigio y la imagen del funcionariado en general.
Se producen situaciones de mobbing, como en cualquier otra empresa y malestar laboral, como en tantos otros sitios. Ni el funcionario es un privilegiado, ni su salario es elevado ni su situación laboral es siempre lo envidiable que desde fuera pueda parecer.

Y todos aquellos que ahora envidian la situación del funcionariado, han tenido años y ocasiones para acceder a una plaza de funcionario, mediante las convocatorias anuales de miles de plazas que se han producido en los últimos 30 años. Porque, además, ha habido plazas que han quedado desiertas durante años ante la falta de candidatos interesados en ocuparlas.

Pero, si ahora mismo ser funcionario parece jauja, hace años era una situación laboral poco atractiva para la mayoría de españoles. En los últimos años, cuando muchos de mis alumnos llegaban a los 16 años –edad laboral en nuestro país-, se despedían de mí con un “profe, voy a una obra en Marina d´Or y voy a ganar en 1 mes lo que tú ganas en 3 meses”. Y tenían razón.

Y en tiempos de vacas gordas mientras miles de trabajadores conducían coches caros, se compraban varias casas y veraneaban en el Caribe, los funcionarios no variaron sus hábitos de vida. Y ahora desde arriba se culpa de la crisis a los españoles que han vivido por encima de sus posibilidades. Pues habrán sido otros, porque desde luego, los funcionarios no han tenido esa opción. Nuestras posibilidades han sido antes y ahora, las mismas. Las justas, más bien escasas. Los sueldos que se ganaban fuera nunca se han ganado trabajando para el Estado, ese Estado que ahora nos culpabiliza y pretende poner a la ciudadanía en nuestra contra, bajo la sospecha permanente de vagos, insolidarios y privilegiados.  


Pues a lo mejor ha llegado el momento de plantarle cara 
a ese Estado. 
Y nuestros conciudadanos deberían saber que estamos juntos en el mismo barco y que este barco se hunde y que si perdemos tiempo en reproches mutuos no vamos a llegar a tiempo a los botes salvavidas.



Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.