jueves, 6 de septiembre de 2012

ACERCA DEL MODO DE VESTIR DE LOS ALUMNOS


Hoy ha sido día de entrega de notas en mi instituto y he vuelto a ver a mis alumnos. Se les veía relajados, sonrientes, morenos, dicharacheros.  Incluso mostraban cierta tendencia al relajo en los modales con propensión al acercamiento al adulto/profesor, más allá de lo acostumbrado. Es posible que el hecho de que aún no haya dado comienzo el curso les haga sentirse por encima de las invisibles pero tácitas barreras alumno/profesor. Tuteo, familiaridad, mano al hombro, incluso besos; conductas y actitudes que, a partir del día 13 de septiembre, inicio de las clases, no deberán volver a repetirse.

Y sumado al tema de la actitud, el problema de la imagen de los jóvenes, de mis alumnos. Y digo problema porque en los últimos tiempos es un tema recurrente en salas de profesores, juntas de evaluación, reuniones de coordinación. En los últimos años se ha abierto de un modo extraordinario el abanico de ejemplos en el modo de vestir, que causan cierta controversia en los centros educativos:

  • -          La decoración corporal: tatuajes, piercings, maquillajes extremos, peinados extravagantes, …
  • -          La decoración en la vestimenta: sombreros, gorros, ropa con lemas de todo tipo, botas militares con clavos, ….
  • -          La exhibición con propósito erótico: mostrar el tanga, la ropa interior, grandes escotes con exuberancias debidas al estratégico wanderbra, ....

Periódicamente procede renovar el Reglamento de Régimen Interior de los centros educativos y adaptarlo a la normativa y a nuevos usos y costumbres. Y cada vez que llegó el momento, surgió la incertidumbre: ¿debemos regular el modo de vestir de nuestros alumnos? ¿debemos fijar unos límites cuando pretenden destacar su pertenencia a una tribu, su ideología, su apertura moral?

El debate siempre es tenso; cuesta admitir públicamente que uno se siente incómodo cuando se cruza por el pasillo con alguien que en la calle le produciría miedo. Incómodo admitir que si eres varón te perturba la alumna que se acerca a ti provocativa, mostrando más de lo que la decencia admite.

El debate termina politizándose, como todo en nuestro sistema educativo, y si te muestras partidario de regular, de prohibir, de sancionar, terminas siendo acusado de reprimido, intolerante,  inquisidor o de facha. Es tomado como un ataque a la libertad individual del ser humano (con aspavientos y términos grandilocuentes) por aquellos que se posicionan de un modo tajante y sectario a la izquierda del sistema político y a la izquierda de las convenciones sociales y morales. En público, claro está, porque en privado y en la cafetería del instituto son capaces de admitir que “Lorena viste como una puta que va pidiendo guerra”

Y no es sólo la vestimenta como conducta explícita, sino que cierta vestimenta extrema conlleva actitudes y comportamientos también extremos, desde la violencia más o menos directa contra otros, ya sean iguales o adultos, hasta las relaciones eróticas y/o sexuales de distinto grado. Y ocurre delante de nuestros ojos, en las aulas, en los pasillos, en el patio.

Todo esto afecta de un modo claro y evidente al clima de convivencia en los centros educativos. Si toleramos en el centro aquello que  nunca permitiríamos en casa a nuestros hijos, estamos cometiendo un error de tal magnitud, que nunca nos repondremos de sus consecuencias. Y ya las estamos padeciendo.


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.