viernes, 9 de agosto de 2013

Las caras de la violencia doméstica

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? -pregunta el terapeuta
- Supongo que fui permitiendo, poco a poco, que se adueñara de mi vida, de todo mi espacio. De mi libertad.

¿Y porqué lo permitiste?
- Pensé que era amor, preocupación por mí. Creí que en el fondo quería cuidarme, protegerme. Me llamaba por teléfono demasiadas veces, pero al principio no me importaba. Con el tiempo fue algo asfixiante, hasta llegar al control, a la persecución de los últimos meses.

¿En qué momento comenzaste a pensar que en realidad era control, y no amor?
- Cuando esa preocupación terminaba en broncas. Primero pequeños enfados, cada vez peores. Ahora me da miedo llegar a casa y no saber qué me voy a encontrar, qué escena me va a montar y porqué. Al principio me hacía gracia que cogiera mi móvil y leyera todo, era como un juego. Jugábamos a los celos, a enfadarnos inocentemente para después reconciliarnos. Con el tiempo he visto que los celos no eran un juego, que son peligrosos. Una enfermedad.

Y ahora que toca hacer balance, que llevamos varias sesiones de terapia, dime, ¿qué es lo que más daño te ha hecho de todo?
- Que me ha separado de mi familia, de mi madre, de mi hermana. Ellas no entendieron esto al principio y yo creí que era normal, que cuando te casas ya no tienes tanto tiempo para la familia, que debes centrarte exclusivamente en tu pareja.Mi madre se mostraba triste a veces, enfadada,  pero yo no hacía caso y me alejaba cada vez más. También porque quería evitar problemas en casa y sabía que esa era una fuente de conflicto.

Terapeuta y paciente hicieron síntesis de todo lo que en sesiones previas habían hablado y, finalmente, cerraron el círculo terapéutico, estableciendo metas y objetivos para el futuro.
Ahora que la pesadilla había terminado, era momento de enfrentarse a una nueva vida; a la soledad, sí, pero con calma. Sin miedos. Sin ansiedad.

Tras despedirse, la psicóloga vio alejarse por el pasillo a Julio, 37 años, policía. Julio afrontaba ahora una vida diferente, procurando sanar la autoestima dañada y arrastrando sobre su duro cuerpo de 1,85 las heridas causadas por un amor mal entendido.


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

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