lunes, 2 de diciembre de 2013

VIVIR CON SERES IRREALES

Algunas personas comparten su vida con seres que los demás no podemos ver ni oír. Algunas personas vivimos junto a esas que conviven con seres imaginarios, seres que no existen pero habitan junto a ti, en la mente de otro. 

Seres irreales que se adueñan de la consciencia de alguien y se quedan a vivir con él. Se materializan y aparecen cuando lo desean y reconoces su presencia en la agitación del otro, a quien sorprenden, perdido y confuso y se divierten tirando de él y llevándole cada vez más lejos de la realidad.

Son duendes caprichosos, sádicos, que tiran de la mano de los nuestros y se los llevan a la fuerza. A ratos les sueltan, misericordiosos, y les dejan caer a nuestro lado y de repente abren los ojos y nos reconocen. En otros momentos, se adueñan de su piel y nos miran desde dentro de ellos, con mirada desconocida. 

Cada vez vivimos más años, ganándole vida a la vida, pero a veces ese tiempo ganado es tiempo de desintegración. Disfrutamos más años de abuelos, de padres, a cambio de ver cómo se van poco a poco quienes antes se iban de golpe.

Personas que empiezan a morir 10 años antes de morir y emprenden un viaje hacia atrás, haciéndose cada vez más pequeños, en un viaje sin retorno, hasta desnacer del todo.

Y hay días en que esas personas están y otros no. Hay días que convivimos con uno y días que convivimos con varios. Hay días de luces y días de sombras. Días de paz y días de guerra. Días de vida y días de...


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

6 comentarios:

  1. Felicidades por la entrada. Llevaba un tiempo sin pasarme por aquí. Sigues escribiendo entradas que me emocionan.

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    1. A mí me ha emocionado tu comentario. Gracias!
      Un abrazo

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  2. Cuanto más evitemos estos seres irreales, más en orden tendremos nuestra cabeza ante la dura realidad.

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  3. Evitar que se adueñen de nuestra mente, sí. Pero tenemos que convivir con los que se adueñan de la mente de los nuestros. Al principio podemos espantarlos, pero terminan secuestrando voluntades.

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