domingo, 6 de abril de 2014

Asuntos de pareja



Vivimos construyendo vida y en esa tarea somos arquitectos, jefes de obra, albañiles y peones de nuestra propia existencia. En ocasiones construimos una vida en solitario, en la que habitamos únicamente nosotros, rodeados de otras vidas.

En otras ocasiones, debemos abordar la tarea de construir una vida en común con alguien y esa es una tarea ardua, para la que se requieren habilidades específicas y competencias de mayor nivel.

Durante siglos lo habitual fue iniciar esa convivencia en común durante la adolescencia, con alguien que te acompañaba en el camino de la vida hasta su final. En los últimos 50 años se han producido sacudidas sociológicas de diversa índole, que han variado sustancialmente los modelos clásicos de familia y convivencia. Factores como:


  • la revolución sexual (generalización de métodos anticonceptivos, "descubrimiento" del placer femenino, etc),
  • el divorcio, 
  • la normalización de la homosexualidad, 
  • el acceso de la mujer al trabajo, 
  • los logros económicos, 
  • los avances en la comunicación, sobretodo la generalización de internet,
  • etc.

han sido motores de cambio en lo que a usos y costumbres sociales se refiere. Se ha pasado de la pareja única como modo tradicional de convivencia a las parejas sucesivas, lo que no debe ser interpretado como un fracaso en sí, sino como una oportunidad de mejora. Al contrario de lo que pueda opinar el común de los mortales, en ocasiones una pareja "estable", de "toda la vida" puede acumular mayor fracaso que la suma de fracasos de esas parejas sucesivas.

Ahora bien, si el punto de partida de ese proyecto común tradicional que se iniciaba en la primera juventud era casi siempre el amor, al menos en la sociedad occidental, se observa que esa motivación ya no es la única y a veces ni siquiera se encuentra entre las posibles motivaciones que pueden llevar a dos personas a unir sus vidas.

A medida que avanza la edad de la persona se abre el abanico de factores que impulsan a una persona a iniciar un proyecto en común con otra y no necesariamente existen motivaciones más válidas que otras.

Cuando la convivencia se inicia a edades tempranas, es una apuesta en la que no hay riesgos, ya que no hay nada que perder más que el propio tiempo. Se parte de cero, porque no ha habido ocasión aún de construir valores, de aportar riquezas bien sean materiales o espirituales. Ambas personas se construyen a si mismas en la medida en que caminan juntas hacia la madurez.

Pero cuando la convivencia se inicia cuando ya se ha alcanzado esa madurez, cada uno aporta valores que pueden verse en peligro si el proyecto fracasa. Valores patrimoniales o valores personales, como el equilibrio emocional, un modo de vida determinado, aficiones, gustos, ideas, pareceres, amigos, familia, prestigio social... y todo eso se ve comprometido en esa apuesta arriesgada siempre, que es la convivencia.

Cuáles son las motivaciones que impulsan a un adulto a mutar su proyecto individual por uno en común:

  • el amor
  • el sexo
  • la soledad
  • el interés
  • la amistad

Todas esas motivaciones pueden producirse de modo único o combinado y esa circunstancia va a condicionar en gran medida el éxito o fracaso de la pareja. Una relación convivencial que se inicia, por ejemplo, por el miedo a la soledad puede tambalearse más fácilmente que una basada en el amor.

En la convivencia se pone en marcha la balanza de pérdidas y ganancias; se pierden cosas pero se ganan otras. En ocasiones, lo que se pierde (independencia, amigos, patrimonio, aficiones) no es suficientemente valorado respecto a la posible ganancia (normalización sexual o compañía, por poner dos ejemplos).

Consideración aparte merecen las relaciones iniciadas en la tercera edad, ya que pueden entrar en juego condicionantes externos, familiares y económicos.

  1. Respecto a los familiares, mencionar la posible influencia de los hijos de ambos o en los de uno solo, tanto en el inicio como en el desarrollo de la relación. Se produce el curioso caso de que los familiares de la mujer son más reacios a que ésta inicie una relación en ese momento avanzado de su vida, que los familiares del varón. Quizás exista aún en el imaginario colectivo la crítica inconsciente a la mujer que busca amor (o sexo) en un momento de la vida en que la sociedad considera que no debe tener ya necesidades emocionales o físicas. Más laxos son los familiares del hombre, porque esas necesidades se le reconocen y respetan a cualquier edad, pero también pueden actuar movidos por cierto interés o egoismo. La mujer es más independiente y autosuficiente, porque su papel en sociedad es básicamente de reproducción y cuidados a los demás, y esos hijos que alientan al padre a iniciar una relación, puede que en realidad le estén buscando alguien que le cuidará el resto de sus días, y les evitará a ellos esa labor. Los hijos de la mujer temen, al contrario, que ella cambie su vida tranquila por otra en la que deberá servir y cuidar a un hombre mayor. 
  2. Respecto a los condicionantes económicos, factores como el miedo a la pérdida de una pensión, o el temor a que la otra persona esté buscando en realidad un bienestar económico del que carece, condicionan las relaciones de pareja a una edad en que el patrimonio es algo más valorado si cabe que en otros momentos de la vida. El miedo a arriesgar los ahorros de toda una vida o la casa o el terreno que tanto costó conseguir, entrarán en liza a la hora de valorar los pros y contras de una convivencia.

Concluyendo, qué impulsa a los humanos a embarcarse en relaciones de pareja ¡y quién sabe!




Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

1 comentario:

  1. ¡Qué análisis y exposición más bien hecha! Como siempre un placer leerte. Me has hecho recordar por asociación de ideas cuando tuve que leer Orgullo y Prejuicio de Jane Austen y cómo trataba el tema del matrimonio como forma de aumentar patrimonios y la guerra entre sexos que inician ambos protagonistas rompiendo con el status quo. Espero que este artículo quede en la nube para futuros estudios antrolpológicos dentro de cien años.

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