jueves, 29 de enero de 2015

Voto a Podemos, ¿a que molo?

Entre las personas que amenazan al resto de compatriotas con votar a este partido, podemos observar unos perfiles básicos:

El desesperado. Persona a la que la crisis ha atacado con una virulencia especial y el nivel de pérdidas hace que se aferre a las promesas de este partido, a pesar de haber perdido la fe en todo y en todos. Sin nada que perder, juega a la ruleta rusa esperando que del cañón del arma surja un salario y no una bala que le remate.

El cabreado. Cansado de escuchar a diario en los medios una nueva infamia en forma de corrupción.  Cada día más harto de los políticos está dispuesto a otorgar su voto a Podemos. No lo hace porque crea que estos políticos de nuevo cuño sean honrados, decentes, honestos, sino porque parecen tan cabreados como él y sueña con la venganza, máxime cuando hablan de guillotinas y otros elementos ornamentales parecidos.

El nieto rojo. Existe entre los votantes de izquierdas un perfil "entrañable", el de la persona que tuvo un abuelo/bisabuelo que perdió la guerra y ha crecido siendo de izquierdas, en la creencia de que no podía ser otra cosa. En algunos hogares se ha transmitido de padres a hijos una historia que, en cada generación,  se hacía más dramática y muchas personas crecieron haciéndose la promesa de vengar al abuelo ganando en su nombre aquella guerra. ¿Cuántos de los que eran de izquierdas en aquellos tiempos, o cuántos de los que perdieron la vida sin haberse planteado jamás su filiación política, serían de izquierdas en la España de hoy? Quizás no todos. Quizás no muchos.

El universitario. En el ideario colectivo existe la ancestral fantasía de que cualquier universitario que se precie debe ser comunista, con mayor motivo si estudia Ciencias Políticas, esa carrera que servirá para intentar cambiar el mundo antes de convertirse en casta. Que cambiar el mundo cansa, como todo el mundo sabe. Y qué decir de los universitarios enrocados en los círculos podemistas, cual ratoncitos jugando en la rueda sin fin de la beca a cambio de nada. Informes, asesorías, estudios, análisis, vendidos a precio de petróleo, como si de estudios de un premio Nobel se trataran. Ay, de la universidad española, casta entre las castas.

El cincuentón. Existe un nuevo especímen que no había surgido en otros momentos de la evolución del voto.  Es un hombre que se acerca a la mitad de su vida y asiste con pavor a la aparición de las primeras canas y la pérdida de tensión en los músculos abdominales. Suele ser culto y acomodado y acaricia la idea de hacerse de izquierdas como método de rejuvenecimiento, sobretodo si se ha divorciado recientemente y se siente desorientado. En las noches que comparte barra de bar con otros amigos solitarios o magreos con alguna jovencita en esas discotecas en las que se mueve como pez fuera del agua, siente la necesidad de declararse votante de Podemos, como mecanismo de supervivencia. El voto/cosmético que alisará sus arrugas, el voto rojo anti-age que le hará parecer más joven en sus nuevos círculos vitales. Y ese hombre, que se ha transmutado de viejo liberal en joven marxista, sorprende a propios y extraños con locuelas e impropias declaraciones "voto a Podemos, ¿a que molo?"

Existen otros perfiles, claro está, pero estos son los más llamativos, y los que pueden hacer que dentro de unos meses no puedan seguir publicándose artículos como éste. De momento, y como no sabemos cuánto nos va a durar, gocemos de la libertad.

Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.