martes, 30 de junio de 2015

Quién vive y quién muere

Los técnicos de aquel lugar pasaban controles de calidad a los humanos que allí eran depositados.  Tras el triaje clasificaban rápidamente a aquellos seres imperfectos,  incompletos,  dañados.

"No será  objeto en el futuro  de medidas extraordinarias para preservar su vida",  rezaba aquella etiqueta en Arial 12, negrita,  cursiva y subrayado.  Etiquetas como aquella le convertían a uno en alguien desechable,  prescindible.  De repente una etiqueta devaluaba tu vida hasta el extremo.
Sólo queda una plaza libre en nuestra UVI,  y debemos reservarla para alguien más joven,  más fuerte,  más valioso.  Escasean los recursos y debemos administrarlos bien.  Esa persona deberá luchar por su vida ella misma,  porque el sistema no puede desperdiciar recursos en alguien "así"

La frialdad de su mirada contrastaba con la luz que sus cabellos rojizos irradiaban. Sobrecogía escuchar a alguien tan joven expresándose con tanta dureza: Cuando tenga una crisis no haremos nada por salvarle.  Ninguna maniobra merece la pena para mantener con vida a alguien "así".
Y de nuevo aquella maldita palabra,  que con tan sólo tres letras era capaz de hacer tanto daño, lanzada por la boca de quien debería mostrar una sensibilidad superior a la media.

En aquel lugar contrastaba el derroche de recursos para mantener unas vidas con la falta absoluta de  ellos,  para preservar otras.  Quienes realizaban cada día el control de calidad,  ponían etiquetas mecanografiadas,  o garabateadas a toda prisa: "no preservar con vida"

La mayoría de la gente ignora que existen lugares así cerca de sus casas y que alguien que decide quién vive vive y quién muere puede tener la angelical sonrisa de la pelirroja vecina del tercero.



Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.