viernes, 6 de noviembre de 2015

Los buenos profesores

El ministro de Educación ha tenido la ocurrente idea de vincular el salario de los profesores a los resultados académicos y ante tal propuesta me dirijo a él para aclararle aspectos de esta profesión que parece desconocer.

Señor ministro:
Un buen profesor hoy en día es como una navaja suiza. Es instructor, mediador, educador social, psicólogo, educador de familias, experto en TIC, enseñante bilingüe, además de agente del orden.
A un profesor se le exige desde la administración que sea capaz de atender a la diversidad extrema que ha convertido muchas aulas en una torre de babel en la que hay un sinfín de nacionalidades y lenguas y necesidades educativas especiales y específicas.

Aulas en las que en ocasiones la normalidad es lo excepcional y el profesor debe lidiar con ello, impartiendo su materia a ser posible en bilingüe, sustentado todo ello en metodologías virtuales, sustentadas en un personal learning environment, sin perder de vista la integración de las competencias y los estándares de aprendizaje en una programación cada vez más ininteligible. 

Un buen profesor, señor ministro, es el que trata de dar respuesta a unas leyes educativas que cada pocos años ponen los centros patas arriba para no resolver nada, al tiempo que intenta responder a las necesidades de sus alumnos, cada vez más extensas.  Porque los niños y jóvenes no van a colegios e institutos únicamente a adquirir conocimientos.  Van a convivir, a aprender a relacionarse de un modo adecuado, a comportarse, a adquirir valores; en definitiva, a convertirse en hombres y mujeres de bien y en ciudadanos responsables.  Y todo ello, señor ministro, va mucho más allá de la mera instrucción a la que usted limita nuestro quehacer.

Un buen profesor instruye con una mano y educa con la otra. 

Un buen profesor trata de suplir las carencias de sus alumnos, de los que un gran porcentaje no tiene detrás una familia que ofrezca ni afecto ni modelos adecuados. 

Un buen profesor dicta su materia sin perder de vista al niño, más allá del alumno. 

Un buen profesor es con demasiada frecuencia confesor, modelo y guía, cuando no padre. 

Un buen profesor sustenta y orienta.  Da una de cal y otra de arena, intentando compensar en ocasiones carencias que un niño o un joven no debieran tener. 

Un buen profesor defiende a los indefensos y contiene a los que carecen de autocontrol y entre tanto, no pierde de vista a aquellos a los que su intelecto pide más y más y hace malabares con las necesidades de cada uno.

Un buen profesor a veces no consigue que todos aprueben, pero se siente satisfecho si logra que vayan a clase cada día y valora sus progresos. 

Un profesor normal puede lograr buenos resultados académicos, incluso puede hacerlo un mal profesor, pero sólo un buen profesor entra cada día en su aula con la ilusión de ser útil a 30 personas y sale de ella feliz si ha logrado ser visto por ellas como alguien respetable. Porque un buen profesor se propone muchos más objetivos que el único que a usted parece importarle. Hay profesores excelentes en centros tan peculiares que lograr buenos resultados académicos no es que sea meritorio, sino que es un milagro. 

Y para qué hablar de las piedras en el camino que nos ponen usted y los suyos, su gobierno y el anterior y probablemente los que le sucedan.  Para qué mencionar los recortes en educación que convierten la gestión de los centros en una carrera de obstáculos y nos condenan a gestionar el proceso de enseñanza y aprendizaje en precario. 

Recortes en suministros, en instalaciones, en dotaciones, en recursos materiales y personales.  Recortes que afectan a la ratio de alumnos y a la dotación de profesorado, convirtiendo a los docentes en profesionales multitarea. 

Conozco un caso, señor ministro, de una profesora de Psicología que se ve abocada a impartir también Lengua y Literatura, Iniciativa Emprendedora y Tecnologías de la Información y la Comunicación. Imagine que en un hospital un traumatólogo tuviera que ser, por obra y gracia de una decisión ministerial, también obstetra y cardiólogo y tuviera que compaginar una rotura de cadera, con un parto gemelar y un by-pass. Pues esta extravagante situación se ha convertido en algo habitual en nuestros centros.

Pero no se preocupe, señor ministro, un buen profesor puede con todo, ya que es en las dificultades donde se pone a prueba la competencia de los docentes. Y el día en que uno de nosotros no se sienta competente puede dedicarse a la política y terminar siendo ministro.

Volviendo a los resultados que a usted tanto le preocupan, sólo decirle que obtener buenos  resultados con todo a favor, en un centro de élite, con alumnos motivados y educados, familias comprometidas y recursos suficientes no es como para andar premiando a nadie, porque conozco malos profesores que sin embargo consiguen que sus alumnos aprueben aunque a la menor oportunidad cambiarán de modalidad de estudios para alejarse de una asignatura que tan mal recuerdo les ha dejado.  Como ve, no coincidimos en lo que usted y yo entendemos por mal o buen profesor.

Para finalizar, sólo decirle que guarde usted su dinero, y no ofenda mi profesionalidad. 

Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

5 comentarios:

  1. Muy de acuerdo contigo. Intento ser una buena profesora, intento ayudar, conocer, motivar... A mis alumnos. Y se me hace difícil.
    De educación todo el mundo opina. Y la moda está en evaluar, medir... Pruebas externas que miden sólo conocimientos y que nos evalúan a los profes y nos presionan más.
    Yo estoy enamorada de mí trabajo pero me veo abrumada de programaciones y protocolos que nada tienen que ver con la esencia de nuestro trabajo.
    Gracias por expresar lo que es un buen profesor

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    1. Veo que compartimos vivencias y siempre es reconfortante hallar acuerdos, sobre todo cuando la experiencia es a veces tan complicada. Un abrazo

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