jueves, 26 de noviembre de 2015

Vaginas fachas

Nada más facha que una vagina. La vagina conduce  al cálido nido en el que crecen, inocentes, infantes que a veces molestan. Infantes obligados a salir antes de tiempo, deshauciados, en un escrache sangriento.

Nada más facha que una vagina. Vagina destinada a acoger al masculino miembro y a recibir el producto de su placer, símbolo de dominación machista. Gota a gota, éxtasis a éxtasis, el hombre marca su territorio y la mujer calla, anorgásmica.

Nada más revolucionario y liberador que un clítoris que llega, galopando, para romper las cadenas que sujetan a la mujer a la pata de su hombre. Con el clítoris el placer se vuelve autónomo y ya no precisa de miembros. Ni miembras.

Nada más liberador que un clítoris, pero nada más perturbador que un clítoris en boca de algunas feministas. Pido, en nombre del pudor y del buen gusto, guarden sus clítoris para la intimidad de sus alcobas y dejen de exponerlos. No son exclusivos de feministas, mujeres de izquierdas, libertarias de distinto pelaje, como puede parecer. Todas tenemos, pero sólo algunas lo usan para reivindicar no se sabe qué, no se sabe ante quién.

La época de la liberación sexual pasó. No me sean ustedes antiguas, que aludir a ese minúsculo órgano para mostrarse transgresoras huele a naftalina. Hubo un tiempo en que estaba justificado todo tipo de clamor, pero ganadas ya batallas contra el macho, lo que toca ahora es disfrutar juntos en privado y mostrarse finas y educadas en público.


Manuela Carmena habla de sus intimidades sexuales en una entrevista


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

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