domingo, 31 de enero de 2016

Algo habrá hecho...

El mundo es de los violentos, gracias en muchas ocasiones a los que no lo son. Nuestra especie cuenta, entre sus patrones de conducta (aquella conducta que es innata) la de posicionarse siempre en torno al más fuerte. Probablemente no sea más que instinto de supervivencia, y es que el ser humano actual no dista apenas nada del primate que habitaba las cavernas.

Raras son las personas que levantan la voz contra la injusticia ajena, (contra la injusticia propia sobran voces), que se posicionan a favor de la víctima, plantando cara a su verdugo.

Somos tribales, gregarios, y esa característica nos lleva a buscar la seguridad del grupo y esa seguridad está junto al líder, que normalmente lo es gracias al uso de la fuerza. Y eso nos convierte en seres serviles, aduladores, traidores, corporativos. Se trata de una figura que en psicología tiene el nombre de "disonancia cognitiva". Cuando hacemos algo que entra en conflicto con nuestros valores o creencias, le damos un significado diferente, para poderlo asumir sin culpas. Esto hace que cuando una persona cierra filas en torno a un violento, por miedo a que su violencia se vuelva contra ella, se justifica a si misma cambiando el valor de los hechos y dotando de una apreciación más benévola al ser infame al que defiende.

El ser humano es malo por naturaleza, y lo es tanto por acción como por omisión y eso hace que el mundo sea cada vez un lugar más violento, porque cada vez somos más habitantes en este siniestro planeta. Es un mal lugar este para vivir, tanto el mundo lejano (el de los noticiarios), como el cercano, ese mundo en el que todos somos protagonistas de algún modo, ese mundo en el que todos conocemos a alguna víctima y a quienes se posicionan al lado del agresor. Las víctimas siempre están solas. En sus hogares, en el trabajo, en las escuelas, en la calle... Solas.

Cuántas veces la bofetada más dolorosa llega desde el propio entorno de la víctima.  Ese padre que al saber del acoso escolar a su hijo le ha respondido "a tu edad nadie se metía conmigo, yo tenía huevos para defenderme".  Esa mujer que cuando se atreve a contar lo que sus heridas delatan hace tiempo, recibe como respuesta un "aguanta,  ¿adónde vas a ir sola? Piensa en tu hijos" y por ellos muere...

Hay una letanía colectiva, un susurro apenas audible "algo habrá hecho", "no sabe defenderse", "que aguante como un hombre", "es una puta", "maricón"... Y esa letanía se oye en las calles, en las escuelas, en el trabajo, en los hogares y hasta en las comisarías de policía y en los juzgados. Por eso, por todo ello, el de la violencia es un problema sin solución.





Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado y es una realidad presente, pero me deja un poso de amargura leerlo. Por eso cada pequeño detalle que tenemos con los demás tiene un valor inmenso, cada vez que disculpamos o perdonamos o no pensamos mal de alguien lo estamos haciendo bien.

    ResponderEliminar
  2. Podemos hacer tanto bien con sólo pequeños gestos... pero la mayoría de la gente elige hacer el mal. Eso hace que nada cambie. Que no haya esperanza.

    Somos/son muy pocos intentando cambiar este mundo, hacerlo más confortable.

    Gracias por leerme.

    ResponderEliminar
  3. Para mi desgracia, crecí en un hogar con malos tratos. Las vegaciones, los gritos y los golpes eran "el pan nuestro de cada día". Por eso me posiciono siempre al lado de las mujeres maltratadas porque sé muy bien lo que es. Ojalá no existieran los violentos pero mientras existan, nosotras tenemos la obligación de proteger a las víctimas. Me encanta cómo escribes. Un abrazo, amiga!

    ResponderEliminar
  4. En la sociedad del tanto tienes tanto vales,cualquier tropiezo te hace caer en el lado de las víctimas. Entonces todas nuestras seguridades se convierten en humo y lo jodido es que pocos te ayudan, porque siempre sale ese instinto de estar al lado del fuerte

    ResponderEliminar