jueves, 10 de marzo de 2016

Pérdidas



Hay pérdidas trágicas y la peor es la pérdida de un ser querido, de esos que al marchar nos dejan el corazón roto de un modo irreparable. La siguiente tragedia es la pérdida de la propia vida y considero que en el escalafón es la segunda tragedia, ya que esta, al contrario de la primera, no nos ocasiona dolor ni sufrimiento.  El tercer tipo de pérdida que puede afectar de un modo terrible a uno mismo, es la del propio pasado. Hay gente que pierde la memoria, pero quienes les rodean se encargan de mantenerla viva de algún modo.  El protagonista se ausenta para siempre de su propia historia, pero sigue habiendo otros personajes que mientras vivan mantendrán esos sucesos en sus mentes, en sus corazones, y continuarán transmitiéndolos, en el simbólico pergamino de sus relatos orales. Pero hay personas que lo pierden todo, que pierden por completo su pasado, su historia, y también pierden a la gente capaz de recordársela, transmitirla y mantenerla viva.

- Señorita, la invito a chocolate -,  me dice.  Vale, usted me invita, pero déjeme que pague yo. 
- De acuerdo, señorita - Y juntos compartimos un vaso de chocolate, junto a la máquina dispensadora de bebidas. 
- Quema, señorita, tenga cuidado -  Le hago la broma de que me he quemado la lengua "huyyyy" y suelta una carcajada. 
- Se ha quemado, señorita. Ya se lo decía yo -

Termina su chocolate y sin mediar palabra se levanta y se va. Según se aleja por el pasillo, va saludando cortésmente a las mujeres que se cruzan con él. Es un caballero, al que poca gente trata con el respeto y consideración que merece. Para el personal de la residencia, para el resto de residentes y familiares, es un desconocido.  Alguien con la cabeza perdida, a quien nadie visita.  En las fiestas baila solo, en las celebraciones se sienta solo y cuando debe ingresar en un hospital no hay nadie que lo cuide, que le ayude a afeitarse, que le haga compañía o que hable con sus médicos.

Lleva años solo y aunque no es muy mayor parece un anciano octogenario. Su cuerpo se va venciendo hacia adelante con la edad, aunque su altura, su rostro aún atractivo y sus exquisitos modales le doten de una imagen y una personalidad diferente al resto.

Nadie en aquel lugar conoce de su origen ni de su pasado. Todo ello ha ido quedando enterrando en el olvido y el último cambio de residencia ha sido en este sentido el cataclismo final.

Es posible que de todas las personas que rodean a este gentil hombre, yo sea la única que conoce la verdadera historia del Capitán Lozano.








Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

2 comentarios:

  1. Por favor, Pilar, nunca abandones al capitán Lozano.

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    1. Querido Rafael, gracias por tus comentarios, siempre tan generosos. Casi a diario tomo café con el capitán Lozano, un hombre entrañable, especial.
      Un abrazo

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