viernes, 8 de febrero de 2013

ENVEJECER



Camilo empuja su andador contra la pared, en una esquina del pasillo. Con sus pies simula que camina, y da pequeños pasos, sin moverse del lugar. Le observo, lleva así largo rato y no he querido decirle nada pero ahora me dirijo a él para preguntarle.

- "¿Qué haces, Camilo?"
- "Voy por el pasillo, hacia el ascensor, para subir a mi habitación"

Continúa empujando su andador contra la pared. Piensa que camina por el largo pasillo de la residencia y me dice, con cara de fastidio:

- "Hoy estoy cansado y me parece que el ascensor está más lejos que otros días"

Le cojo del brazo y le digo "vamos por otro pasillo, si quieres, llegaremos antes". Y le saco del rincón en el que lleva perdido varios minutos y le acompaño por el pasillo, hasta el ascensor. Me ofrezco a acompañarle a su habitación, pero me responde, airado:

- "¿Se cree usted, señorita, que soy tonto, que no se ir a mi habitación?", mueve su brazo para soltar el mío, y se da la vuelta, y en lugar de entrar en el ascensor, se dirige a la pared que hay tras él, empuja su andador hacia ella y pulsa con su dedo un botón imaginario para llegar a un ascensor que nunca va a llegar.

Me quedo observando, desconcertada, sin saber cómo abordar la situación sin hacerle daño. Pasan un par de minutos, en los que Camilo no aparta la vista de la pared y al final me mira y me dice:

- "Seguro que ha vuelto a estropearse el dichoso ascensor"

Hace un tiempo que Camilo comenzó a soltar los hilos que le mantenían sujeto a la razón y hoy ha soltado los últimos. Es preciso aclarar que este hombre de porte elegante y piel apergaminada cumplió el mes pasado 105 años. Ha tenido una vida dichosa, es un hombre culto, de exquisitos modales, que viste con traje y corbata todos los días del año.

Ingresó con su esposa en la residencia en la que vive, hace 25 años. Ella estaba enferma, y él  entrócon ella para permanecer a su lado y cuidarla, cosa que hizo hasta el último momento. Desde hace 20 años vive solo en la residencia. Tuvo hijos que murieron ancianos. Tuvo 1 nieto, que también murió. Ahora está solo en la vida y hasta hace poco leía a diario la prensa y la comentaba por las tardes, con las personas que acudían a visitar al resto de residentes.

Hasta hace unos meses se encontraba perfectamente lúcido e incomprensiblemente sano pero tras su último cumpleaños ha comenzado un rápido declive tanto a nivel físico como mental. Hay gente que muere de golpe; otros mueren lentamente y es lo que le ocurre a Camilo. Comenzó a morir al cumplir 105 años -dichoso de él- y cada día muere un poco más. Esta tarde, ante mis ojos, han muerto las neuronas de la memoria, de la percepción, la orientación y el reconocimiento espacial. Se va consumiendo  poco a poco, y es posible que en unos pocos meses, haya desaparecido del todo.

Afortunado Camilo, ha tenido una buena vida.


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

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