domingo, 17 de agosto de 2014

Vienen a por nosotros

Existen hitos en la historia de la humanidad que han marcado un antes y un después. Momentos relacionados con creaciones o descubrimientos que han dado un giro a nuestra historia: el descubrimiento del fuego, la rueda, la máquina de vapor, los antibióticos, internet. Inventos que han cambiado nuestro modo de concebir el mundo y de enfrentarnos a él.

Internet es la revolución que nos pilla más a mano; todos hemos asistido a su nacimiento y desarrollo y participamos en ella de un modo activo. Internet nos permite aprender el mundo y aprehender la realidad. Ya nada escapa a nuestro conocimiento y quien se siente ciudadano activo y comprometido con el mundo, puede acercarse al milagro de llevarlo en la palma de su mano.

La distancia o el tiempo ya no son excusas para el conocimiento, para la comunicación. La inmediatez y la universalidad al alcance de cualquiera y esta circunstancia cambia nuestro estatus de ciudadanos, de congéneres, de vecinos de un mismo planeta. Nada de lo que ocurre en cualquier lugar del mundo tiene por qué sernos ajeno. En tiempo real asistimos a la vida y a los acontecimientos más remotos y eso nos dota de una responsabilidad que jamás en la historia tuvo el ser humano.

Antes de internet, los sucesos no llegaban en tiempo real; incluso algunos no llegaban jamás al conocimiento público, ocultos por manos implicadas. Los grandes dramas de la humanidad se han conocido cuando ha interesado, normalmente cuando ya no se podía intervenir para evitarlos. El genocidio nazi, por poner un ejemplo... se han llenado páginas de papel sobre cómo era posible que algo tan espantoso pudiera estar ocurriendo en nuestras propias narices y nadie se percatara de ello. Nadie, salvo las víctimas y sus verdugos.

De haber existido internet, y las redes sociales en aquellos tiempos, alguien, en algún lugar del mundo, habría dado la voz de alarma y quizás se podría haber detenido, evitando la atrocidad de millones de muertes. Quizás sólo lo intuían los vecinos, los habitantes más próximos, que asistían a las delatoras señales de humo, pero ¿qué significado le dieron en aquellos tiempos a aquellas humaredas fúnebres? Es cierto que la población, y el mundo entero, conocía los asesinatos sistemáticos de judíos y gitanos por parte de los escuadrones de la muerte, crímenes que se realizaban de un modo público y abierto, pero ¿conocía el mundo la existencia de campos de exterminio generalizado y sistemático? ¿conocía el mundo el alcance real del genocidio? ¿Sabían los civiles alemanes que aquellas chimeneas exhalaban cenizas de muerte? No, al menos no la mayoría y siempre nos quedará la duda de si de haberse sabido, se habría actuado.




En estos momentos se lleva a cabo otro genocidio en nuestro planeta, sobre la población cristiana, con el objetivo de su exterminio total. Es el primer momento en la historia en que algo de ese calibre se conoce en tiempo real, en toda su dramática y horrenda magnitud. No sólo sabemos qué ocurre, sino que somos testigos de excepción de cada crimen, de cada asesinato cometido sobre hombres, mujeres y niños, por parte de los islamistas de Irak. Vemos su muerte, su martirio, su cuerpo profanado... y no hacemos nada. ¿O tal vez sí? Nos informamos, nos hacemos eco, lloramos, nos desgarramos, y pedimos a quien corresponda que frene esto... pero "a quien corresponde", no responde...

Las generaciones futuras no podrán decir, como decimos nosotros de los alemanes de entonces "quizás no lo sabían..." No, lo que dirán será "¿cómo pudieron no hacer nada?"

Y eso me pregunto yo...

Inevitablemente, con cada nueva imagen, me sobreviene una náusea y un llanto interno e incesante me recorre por dentro, un llanto que susurra...

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, 
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, 
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, 
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar



Ahora vienen a por nosotros. Y lo sabemos...




Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

1 comentario:

  1. A esa desidia se la conoce como cobardía o, lo que es peor, confraternizar con los hechos y los criminales.

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