sábado, 21 de septiembre de 2013

Sobre Cataluña... mi historia


Era su primer día de escuela y estaba sentada en la última fila de bancos de madera. No más de 15 niños y niñas se distribuían por aquellas destartaladas bancadas que la maestra del pueblo había instalado en el salón de su casa. Ante ellos, una pizarra sobre la que la maestra había escrito su nombre.
- Así me llamo yo -dijo, señalando las letras escritas-, pero aún no podéis leerlo. Para eso estáis aquí, para aprender muchas cosas, pero sobretodo, para aprender a leer.
La niña del fondo, de 3 años, levantó tímidamente la mano:
- Maestra, yo ya sé leer, ahí pone "doña Cándida" ¿Me puedo ir ya a mi casa?

Hicieron un largo camino por carretera, dos días viajando en el pequeño seiscientos de color azul. Los padres, la niña, su hermano, el canario, las maletas... Hicieron noche cerca de Soria y al día siguiente llegaron a Sabadell. Mientras su padre resolvía unos asuntos, la familia esperaba en un parque. Un montón de niños, más de los que ella había visto jamás juntos, montaban en los columpios y toboganes. Ella prefería permanecer alejada de toda aquella chiquillería, y se sentó en la hierba, junto al estanque. Notó que se quedaba dormida y antes de que pudiera darse cuenta cayó al agua. Sólo recuerda aquel detalle y los gritos de los niños que jugaban. Su padre volvió y dijo "nos vamos de aquí" y se dirigieron a la vecina ciudad de Tarrasa. Allí de nuevo su padre se fue a resolver unos asuntos y la familia quedó esperando en un parque. Dos horas más tarde, volvió y dijo "aquí nos quedamos; ahora, a buscar casa".

Era su primer día de escuela en aquel colegio tan distinto al que había dejado 900 km atrás. Ella y su madre estaban en el lujoso despacho del director de aquel enorme colegio que ocupaba un edificio que parecía un palacio, de lo grande que era. El director, un hombre muy grande y elegante, se dirigió ceremoniosamente a la niña:
- ¿Cuántos años tienes?
- Seis, -respondió ella-.
- Muy bien, aquí vas a aprender muchas cosas interesantes y necesarias para la vida. Por ejemplo, aprenderás cuántos son cuatro por cuatro. 
La niña respondió:
-Son dieciséis ¿me puedo ir ya a mi casa?

Su maestra era una joven llamada Lidia. Acababa de terminar los estudios de magisterio, y aquel era su primer trabajo en un colegio. Lidia tenía muy mal carácter y la niña, que era de natural rebelde, pasaba muchos días castigada. No obstante, terminó el curso con las mejores notas y por algún motivo que ella desconocía, decidieron que podía saltar el segundo curso de EGB e ir directamente a tercero. Lo mismo le ocurrió al terminar cuarto y pasó a sexto. Tampoco entendió que, a pesar de finalizar séptimo con las mejores notas le hicieran repetir el curso. Parece que un inspector dijo que había "saltado demasiado" y aquello no era legal.

Transcurrió su etapa de educación obligatoria sin grandes sucesos, aunque recuerda que pasó ochos años castigada por su negativa a hablar catalán en aquel colegio en que el director le dijo aquel primer día de clase:
- Aquí todos hablamos en catalán y esperamos que en un par de meses, tú también seas capaz de hablarlo.
Lo cierto es que pasados esos dos meses, Pili ya entendía el catalán a la perfección, pero su natural rebelde le impedía acatar órdenes. Lo cierto es que ese idioma le gustaba y lo hablaba en la calle, con sus amigas, pero en clase, donde era obligatorio, jamás pronunció una palabra en catalán.

Estando en octavo curso, el colegio organizo una especie de Jocs Florals, para emular la época de la Renaixença y se convocó un concurso de relatos en catalán. Pili presentó el suyo en un un sobre cerrado, y lo entregó al director, quien recogió, asombrado, el sobre.
- No sé si presentarlo, señorita X, usted no sabe catalán, no ha sido capaz de aprenderlo en todos estos años. Me temo que dejará a la escuela en mal lugar.
La joven le dijo que si la escuela no presentaba su trabajo, lo llevaría ella personalmente, a la sede convocante.

El día de la entrega de premios, ni qué decir tiene que tanto el director de su colegio como sus profesores y compañeros, quedaron "descolocados" -probablemente decepcionados-, cuando el jurado abrió el sobre con los datos de la obra ganadora: "Sota el meu arbre", autora: Pilar X.

Hacía unos meses de la muerte de Franco, algo que tampoco tuvo demasiada relevancia en la vida de aquella niña. La vida no cambió demasiado, ni en la escuela, ni en la calle. La gente seguía con su ritmo, sus rutinas, sus costumbres habituales.

No obstante, se empezó a gestar una idea de identidad colectiva, que hasta entonces no se había observado. Curiosamente, a pesar de que la libertad acababa de llegar a España, la gente catalana empezó a hablar de persecuciones, de reivindicaciones... y de repente muchos de aquellos que durante la etapa anterior vivieron aparentemente una vida satisfactoria, comenzaron a exclamar que habían vivido oprimidos y perseguidos.

Y Pili no entendía nada...

Ella conocía muy bien cómo se vivía en otros lugares de España. Visitaban frecuentemente a sus familiares en Castilla y León y Vascongadas. En tierras castellanas la pobreza era llamativa, agravada por la deslocalización, y falta absoluta de inversiones por parte del gobierno. Para Franco, Castilla y León no existió nunca. En Vascongadas las cosas no eran mejor, debido al terrorismo. La gente vivía asustada y en las calles y en los hogares imperaba la ley del miedo y el silencio. Miedo al propio miedo, miedo incluso a las delaciones, ya que cualquier vecino podía ser un potencial enemigo.
Y de lo que ocurría en lugares como Extremadura o Andalucía, daban fe los miles de inmigrantes que vivían en Cataluña.

En definitiva, Cataluña fue la tierra prometida para miles de personas, un lugar donde se podía vivir, durante la época franquista, de un modo apacible, próspero y esperanzador. Hasta los años 80 fue una comunidad cosmopolita y próspera, donde nunca faltó el trabajo ni el dinero. Todo ello gracias a cuatro factores, fundamentalmente:

- La riqueza natural de la tierra.
- El carácter emprendedor de sus gentes.
- La mano de obra de miles de personas llegadas desde otros lugares del país.
- Las políticas de Franco, que siempre favorecieron de un modo claro a Cataluña frente a otros lugares de España.

Ahora, años después, aquella niña se cansa de oír a quienes cuentan una historia que nunca fue, y le irritan profundamente quienes pretenden dar la vuelta a la tortilla tergiversando la realidad, una realidad cada vez más alejada de esos ojos que miran al resto de compatriotas, con el odio reflejado en sus pupilas.






Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.