sábado, 18 de enero de 2014

#GAMONAL y ESTOS NUEVOS "REVOLUCIONARIOS"

Siempre ha habido revolucionarios. La rebeldía es consustancial al ser humano y nada hay en ello de malo. En la vida todo es cíclico y cada cierto tiempo surgen, en cada país, en cada cultura o civilización, movimientos que se levantan "contra el orden establecido" Llegan intentando desordenar lo que sus abuelos y padres lograron ordenar o lo que los gobiernos decidieron ordenar (en ambos sentidos del término), de un modo más o menos democrático.

Los revolucionarios basan su lucha en las ideas, lógicamente. Ideas adquiridas, maduradas, formadas, a base de lecturas. Existen obras y autores que han impulsado desde esos libros manoseados, releídos y reeditados, las luchas de miles de personas.

Las ideas revolucionarias tienen múltiples orígenes y formas y se diferencian en la profundidad y realismo de sus dogmas. Revoluciones basadas en planteamientos netamente políticos (socialismo/Marx, anarquismo/Bakunin, etc.), filosóficos (Nietsche), incluso algunas cruzadas surgen de planteamos más humanistas y han bebido de las fuentes de la teología, de la psicología, o de la sociología. Artistas diversos han alentado esos movimientos revolucionarios, a través de sus obras plásticas o literarias. Autores comprometidos al servicio de una o varias ideas. No hay nada de malo en ello; todo lo contrario, el ser humano crece a través de la cultura y esos movimientos tenían claramente ese matiz cultural.

Pero llegamos a la España actual y de repente todo cambia. En los últimos años, y sobretodo en los últimos días, los españoles asistimos a la génesis de diversos focos "revolucionarios" que se extienden por nuestro país y actúan con total impunidad. 

¿Qué tienen en común estos pequeños revolucionarios con aquellos de antaño? ¿En qué fuentes ideológicas han bebido? ¿Cuáles son esos manuales releídos que se supone que pasan de mano en mano y esos autores cuyos posters se supone adornan las paredes de su habitación? ¿Quizás El Capital, de Marx, El Extranjero, de Camus, o aunque sólo sea la biografía del Ché Guevara? 

¡Pues no! Asistimos a la primera revolución (o intento) perpetrada por jóvenes que han cursado la ESO, por alumnos víctimas de la LOGSE. Explicaré, para quien lo desconozca, que la idea principal de ese sistema educativo es la comprensividad (lo mismo paro todos, y al mismo nivel, normalmente el mínimo que permite la ley) Esos alumnos han aprendido constructivamente (jugando, en lugar de clavando los codos) y únicamente han adquirido conocimientos significativos (aquellos que les sirven para algo y que se relacionan con su entorno más próximo). Conocimiento de usar y tirar, en una palabra. Son muchachos que no han leído un libro en su vida, porque incluso El Quijote se les ha presentado en forma de cómic, en versión súperreducida (no más de 10 hojitas), para no causarles un trauma. Que el aprendizaje o el estudio deben ser, ante todo, divertidos porque de no ser así se nos pueden traumatizar y terminar pasando sus días escolares en el departamento de orientación.

Y entonces, ¿de dónde les nace a estos jovenzuelos las ganas de montar una revolución? ¡De la PLAY STATION, naturalmente! Estos niñatos han crecido jugando a las guerras virtuales y el mundo que conocen está formado por niveles que hay que superar y se llega al final de partida a base de matar porque cada muerte son puntos y eso sube la autoestima. 

A los 20 años han culminado ya todas las partidas de sus videojuegos y el cuerpo les pide más y deciden salir a la calle como autómatas, palestina al cuello, a quemar contenedores prendidos a base de apretar ese mando lleno de botones que se les ha incrustado en la cabeza. Tienen botones para todo: para romper escaparates, para incendiar el mobiliario urbano, para lanzar piedras a las fuerzas del orden... y según avanzan niveles se vuelven más violentos, les salen pasamontañas en la cabeza, agreden a los que no piensan como ellos, se les pone flequillo de batasunos... y al llegar al nivel máximo los vemos convertidos en esperpentos, zombis en busca de sangre, autómatas que gritan consignan de destrucción social. 

Actúan igual en cualquier contexto, bien sea deportivo, político, artístico. Estos muchachos se convocan a golpe de whatsapp desde sus iphones y tablets de última generación, adquiridos con el esfuerzo de unos padres que lucharon por crear el orden social que ellos ahora desean destruir, por puro divertimento. 

El efecto #Gamonal le llaman ahora en las redes, por el nombre del barrio burgalés. #Gamonal va a ser el videojuego estrella de esta temporada. Veremos qué caro nos sale a todos llegar al punto de Game Over.




Nota: Todos mis respetos para los vecinos del barrio de Gamonal, en Burgos, que luchan por lo que creen que es justo. Mi crítica no es hacia ellos, siempre y cuando utilicen medios pacíficos.


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.