martes, 27 de octubre de 2015

El tesoro

Félix siempre presumió de tener su bien más preciado en casa, a buen recaudo. Era proverbial el entusiasmo con el que se explayaba acerca de algo que sería mejor mantener en secreto, por motivos de seguridad. Hay asuntos que jamás deben traspasar el íntimo círculo de la confidencia, un círculo cuanto más estrecho mejor.

Nadie se extrañó cuando, una calurosa noche de agosto, aprovechando la complicidad de la ausencia vacacional, amigos de lo ajeno penetraron en casa de Félix con ánimo de adueñarse del misterioso bien.


Impagable habría sido presenciar in situ los rostros estupefactos de quienes, al profanar la caja fuerte, sólo hallaron en ella un estiloso sombrero de mujer, que tenía prendido un delicado broche de plata.


Ni billetes, ni lingotes, ni documentos valiosos. Desconocían que Félix guardaba, como oro en paño, la prenda más preciada de doña Matilde, su madre, mujer que fuera una de las más elegantes y distinguidas del lugar.


Lagartija Soy
Lagartija Soy

Políticamente incorrecta. Río por no llorar. Búscame en algún lugar al sol.

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