52 atardeceres



Cincuenta y dos, 52 atardeceres. Cincuenta y dos noches, cincuenta y dos mañanas. Día a día, el sol despuntaba con la sutil amenaza. Rojos, bravíos, hirientes, los primeros soles. Llegaban los días con ansia de vivirlo todo de golpe. Plateados y tornasolados los soles siguientes, que caían desmayados sobre el horizonte.
Avanzó el estío y llegaron las nubes a cubrir de silencio la mañana y el día a veces lloraba y con la lluvia anticipaba el dolor.
Y un día de agosto, de repente llegó el invierno. Amaneció un enero repentino y precipitó el frío que se cernió sobre tu piel y sobre la mía.

No llegará un nuevo atardecer...

Cincuenta y dos, 52 atardeceres. Cincuenta y dos noches, cincuenta y dos mañanas. Día a día, el sol despuntaba con la sutil amenaza. Ro...

Cuando ya nada seamos

Cuando ya nada seamos, 
cuando hayamos muerto, 
brotarán amapolas 
de nuestros cuerpos yermos.

Cuando ya nada seamos,  
ni tú, ni yo, ni el tiempo, 
quedarán nuestros restos 
a merced del viento.

Y se calmarán las olas, 
y se apaciguarán los cielos, 
llorarán las nubes 
que humedecerán el suelo.

Cuando ya nada seamos, 
ni tiempo, ni verbo, ni aliento. 
Seremos de nuevo tierra, 
sabía nueva, vida y  alimento.




Cuando ya nada seamos,  cuando hayamos muerto,  brotarán amapolas  de nuestros cuerpos yermos. Cuando ya nada seamos,   ni t...

El odio

Trato de odiarte y no lo consigo.  Intento recordar tu cara, tus ojos, tu pelo, y te me desdibujas a pesar de verte a diario. Lo siento, pero no consigo rehacer tu imagen para disparar sobre ella mi desprecio.
Supe de tu odio hacia mí, emoción inexplicable, puesto que hemos cruzado apenas unas palabras. Eres de odio fácil, por lo que veo, y es una pena que lleves dentro ese veneno en tu cuerpo menudo y veinteañero. Mira que lo intento, pero no despiertas en mí emoción alguna, y aunque trate de devolverte una mínima parte del odio que tú me profesas, sólo consigo retenerte en mi mente unos minutos y claro, así no se puede.

Y no te creas que yo no tengo, como tú, el odio fácil, porque a pesar de mi  dulzura natural, soy capaz de odiar con la fiereza y fidelidad que tal emoción requiere, aunque ahora mismo, querida, tengo mi odio comprometido y lo dedico, como lo merecen, a Carmen y a Pedro. A día de hoy, Laura, nadie con tu nombre figura en mi lista de odiables.

Deja pasar unos años, muchacha,  que estoy segura de que por el camino que llevas, serás pronto merecedora de todos los odios inimaginables. De momento, odia a solas, querida Laura, que yo tengo cosas más importantes que hacer que corresponderte.




Trato de odiarte y no lo consigo.  Intento recordar tu cara, tus ojos, tu pelo, y te me desdibujas a pesar de verte a diario. Lo siento, pe...

Llegará el final

Llegará de golpe un amanecer fallido
a cubrir silencioso palabras, sonidos. 
Y un pájaro azul guiará con sus trinos 
el caminar silente por el nuevo camino.


Dejará la noche caer su vestido 
perlado de estrellas, que dan abrigo. 
Y desnudo el cuerpo, yaciente y vacío, 
se alejará de mí, hacia un nuevo destino.


Llegará el final del cálido estío, 
como muere todo lo que ha nacido.
Se marchitarán las rosas y los narcisos, 
quedarán silenciosas fuentes y ríos.


En la penumbra fría del jardín florido 
quedará el aroma de tiempos vividos. 
Y una ola perdida en el mar bravío
borrará la huella de lo que fuimos .




Llegará de golpe un amanecer fallido a cubrir silencioso palabras, sonidos.  Y un pájaro azul guiará con sus trinos  el caminar sil...